lunes, 16 de abril de 2012

Argentina y una Realidad Histórica

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Los medios de protección que la Constitución nos proporciona, son la libertad, los privilegios y recompensas conciliables con la libertad. Los argentinos hemos sido ociosos por derecho y holgazanes legalmente.

Se nos alentó a consumir sin producir. Nuestras Ciudades capitales son Escuelas de vagancia de quienes desparraman por el resto del territorio después de haberse educado entre las fiestas, la jarana y la disipación.

Nuestro pueblo no carece de alimentos sino de educación y por eso tenemos pauperismo mental. En realidad nuestro pueblo argentino se muere de hambre de instrucción, de sed de saber, de pobreza de conocimientos prácticos y de ignorancia en el arte de hacer bien las cosas. Sobre todo se muere de pereza, es decir, de abundancia. Quieren pan sin trabajo, viven del Maná del Estado y eso los mantiene desnudos, ignorantes y esclavos de su propia condición.

El origen de la riqueza son el trabajo y el capital, ¿Qué duda cabe de que la ociosidad es el manantial de la miseria? La ociosidad es el gran enemigo del pueblo en las Provincias Argentinas. Es preciso marcarla de infamia; ella engendra la miseria y el atraso mental de las cuales surgen los tiranos y la guerra civil que serían imposibles en medio del progreso y la mejora del pueblo.

El periodista Argentino que escribió estas reflexiones en marzo de 1855 en tiempos de la Confederación Argentina, se hacía llamar Figarillo y dos años antes había sido el inspirador de la Constitución de 1853. Mas allá de las ideologías, debemos reconocer que todo lo que dijo en 1855 lo estamos viviendo hoy.

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